sábado, 24 de diciembre de 2016

UN ARTISTA

Alguien me dijo una vez que yo no era un artista. Los argumentos que utilizó no me convencieron, pero sí tenía razón en la afirmación de que yo no era un artista.

No llevo la disciplina de un artista, no investigo, no le dedico mucho tiempo ni esfuerzo a mi arte. Solo quiero contar historias y que diviertan y emocionen, tanto a mí como a los demás. Es lo que siempre he hecho, desde que tengo más o menos uso de razón. Siempre he contado historias, oralmente, escritas (prosa o verso) o dibujadas.

El dibujo me sirve para expresarme, para hacer realidad mi absurdo y trastornado mundo interior, para convertir mis paranoias, mis miedos y obsesiones en locas aventuras, para curarme de la depresión y para mil cosas más. Es el método más cómodo que tengo para hacerlo y el que más satisfacciones me da.

No quiero triunfos, ni sesiones de firmas, ni baños de masas, ni lluvia de likes, ni búsquedas en Google de mi nombre y que salga "mi arte" en lugar de un fotógrafo de bodas o el periodista Juanma Castaño.

Nunca me he considerado un artista. Sí me he considerado un
CONTADOR DE HISTORIAS.