martes, 13 de diciembre de 2016

EL NIÑO QUE SOÑABA CON SER SUPERHÉROE.


Miguelito era un niño débil y cobarde que soñaba con ser superhéroe. Un niño, que se refugiaba y se protegía de un mundo que le era hostil, leyendo y dibujando tebeos.

La mayoría de los protagonistas de los cómics que dibujaba eran físicamente como él, pero no tenían nada que ver con su creador. Sus personajes eran valientes, audaces, seguros de sí mismos.

Miguelito era un niño raro. Al menos eso era lo que pensaba mucha gente de él. A Miguelito no le gustaba el fútbol, ni verlo ni jugarlo. Él prefería leer e inventarse historias. Le gustaba soñar y dejar volar su fértil imaginación. Eso sorprendía a mucho de sus compañeros.
Además era torpe y patoso y cuando practicaba algún deporte (por obligación) era el hazmerreír de la mayoría.

"Gordo" y "Marica" era alguno de los adjetivos que tenía que escuchar referidos a su persona. Como si dichos términos fueran un insulto.

Miguelito creció. NO renunció a leer cómics y NO renunció a su pasión por dibujar tebeos.

Él creció, pero el mundo, no. Todo seguía igual. Miguel era un adolescente, pero continuaba escuchando una pregunta que se le hacía demasiado a menudo: "¿DE QUÉ EQUIPO ERES?" Donde se daba por sentado que tenía que gustarle el fútbol y, por supuesto, ser hincha de un equipo. Miguel era alto, además de la pregunta futbolera, tenía que responder otra: "TÚ JUGARAS AL BALONCESTO ¿NO?". Miguel sonreía por no decirles, que "no, no juego al baloncesto ni al fútbol ni al tenis ni al voleibol ni siquiera al badminton, porque ¡¡NO ME GUSTA EL DEPORTE, QUEDA CLARO!!"

Los miedos, las inseguridades, las falsas amistades y, en general, la gente cuadriculada, negativa, nociva, tóxica... hicieron mella en el adolescente Miguel. Abandonó el dibujo y muchos de sus sueños.

La vida siguió avanzando y a Miguel no le quedó otra que seguir creciendo y convertirse en un adulto.

Miguel se casó con una maravillosa mujer y tuvo un precioso hijo. Y eso fue el detonante para que Miguel se enfrentara a TODO lo que le había hecho tanto daño desde niño. Luchó contra sus miedos, contra sus inseguridades, contra su falta de autoestima, echó de su vida a las falsas amistades, a la gente dañina...

También tuvo que despedir, por desgracia, a gente que quería con todo el dolor de su corazón. Eso le hizo más fuerte.

Miguel descubrió que era una persona que, realmente, merecía la pena. Era un tipo interesante, divertido, lleno de sueños y con muchas inquietudes. No era "raro", en cualquier caso "diferente". Aunque como dice Def Con Dos en una canción: "mejor ser raro que gris y triste".

Miguel ya tiene 40 años. Ha retomado su pasión por el dibujo y ha vuelto a disfrutar de ella y, aunque, no sabe si logrará alcanzar muchas de las metas que tenía de niño, sí sabe que ha derrotado a muchos de los "monstruos" que le torturaban y machacaban y ha tenido que sobreponerse a dificultades adversas.

Y todo eso le convierte en un superhéroe.

Miguelito era un niño que soñaba con ser superhéroe. 

Finalmente, lo consiguió.

FIN